ENTRADA Y VÍDEO DEL VIAJE POR LA COSTA DE PORTUGAL


El pasado verano, como viene siendo costumbre, nos fuimos de vacaciones con las trikes. El destino elegido para esta ocasión fue Portugal. Hubo varias razones que nos hicieron decidirnos por este lugar. La primera es que queríamos conocer el país en profundidad, su gente y sus costas y la otra razón era que, con la crisis, nuestra economía tampoco andaba muy bien, así que sería un destino propicio debido a su proximidad.

Iban a ser casi quince días en trike y tienda de campaña de nuevo, así que preparamos todas nuestras cosas, nos organizamos y partimos a mediados del mes de Junio en dos trenes que nos llevarían a Oporto primero y a Coimbra después. Fue un día de trenes que se resolvió con ciertos apuros, sobre todo porque el tren de ida era una vieja locomotora diésel cuyo motor desprendía un calor asfixiante en su interior en pleno mes de Junio y porque en la estación de Oporto tuvimos que transportar todo el material desde el primer andén hasta el octavo (los dos extremos de la estación) por el túnel subterráneo subiendo y bajando las escaleras con las trikes cargadas a pulso. Fue un verdadero suplicio de lo que tenemos que tomar nota en otras ocasiones a la hora de transportar el material (en la estación no había nada para poder transportar las dos trikes). Dejamos la vieja locomotora diésel que solo se usaba para unir España y Portugal y nos subimos en un moderno tren que veloz cruzó el Duero dejando atrás la ciudad de Oporto destino a Coimbra. Habíamos salido a las 7 de la mañana, así que aún era temprano cuando llegamos. Montamos las trikes en la estación y partimos hasta el camping.



De camino, uno de los cambios de la trike de Susana se rompió, así que tuvimos que avanzar hasta el camping empujando de la trike para coger velocidad o agarrándonos de la mano. Al llegar montamos la tienda y arreglamos el cambio substituyéndolo por el freno de mano de mi trike, que es como el antiguo sistema de manetas de la bicicletas de mountain bike. Después disfrutamos relajados de lo que quedaba de tarde. A la mañana siguiente nos dirigimos hasta el centro de Coimbra para descubrir una ciudad bulliciosa de gente con calles empedradas de color blanco donde conocimos a un simpático noruego que se quedó fascinado con nuestros vehículos. Él había venido caminando desde su país y su medio de financiación era un instrumento parecido a una flauta que tocaba con maestría. 

La accesibilidad de las aceras en Coimbra resultó ser bastante escasa, por lo que, cuando Susana se subió a una, ya fuera por el peso o por falta de práctica después de un tiempo sin andar en la trike, volcó y se cayó provocando numerosas risas de gente que esperaba el autobús. Fueron unas risas libres y ahí nos dimos cuenta de que estábamos en un país diferente. Fue extraño y a la vez divertido. 
Avanzamos aquella tarde a la par del río Mondego hasta una población con un bonito castillo llamado Montemor y a la noche dormimos acampando en un enorme parque de las afueras con la silueta del castillo de Montemor vislumbrándose en la colina. De noche llovió, pero a la mañana estaba despejado, así que partimos de nuevo, camino a Figueira da Foz. Llegamos esa misma mañana y la ciudad nos pareció perfecta para el turismo. Contaba con una larguísima línea de playa y sus hoteles apuntaban al Oceáno Atlántico, pero no había rastro de turistas en pleno mes de Junio. Es más, parecía que la crisis había hecho mella en el lugar. El dato que puede confirmarlo es que comimos en una terraza abandonada en medio del arenal. Para fortuna nuestra quedaban unas mesas y sillas que aprovechamos para comer sentados y un baño donde pudimos lavar la loza al acabar. Recogimos todo y nos fuimos de aquel lugar con pena de no haberlo visto en sus mejores momentos.


Después de la comida avanzamos por la larguísima línea de playa hasta las afueras de Figueira da Foz viendo como las nubes se acercaban desde el océano. No sabíamos cuanto tardaría en llover. Al llegar al extremo de la costa empezamos una subida con bastante pendiente hasta que a mitad de camino paramos a merendar.  Unas oscuras nubes en el cielo y un viento fuerte anunciaron la llegada inminente de un aguacero. Cuando empezaron a caer unas gotas buscamos rápidamente un refugio donde poner la tienda. Estábamos en una colina de cara al océano y cerca había una solitaria casa que no parecía habitada. Nos acercamos rápidamente con nuestras cosas y comprobamos que pertenecía a una asociación de discapacitados de Figueira da Foz. Deducimos que en el interior no había nadie y solo unos pocos trapos de cocina colgados en una barandilla hacían pensar que alguien estuviera allí hace algún tiempo. Dimos una vuelta a la casa y buscamos el lugar más propicio para poner la tienda justo cuando la lluvia hizo acto de presencia como esperábamos. Lucía se refugió debajo de una mesa por iniciativa propia mientras nosotros nos empapábamos montando la tienda para que cuando acabáramos la lluvia cesara para confirmar la conocida ley de Murphy de que si algo va a salir mal, saldrá mal, aunque nosotros no nos desesperamos y acabamos.
Durante la noche sopló intensamente el viento y el ruido del mar chocando contra las rocas mantuvo un ritmo constante que apenas nos dejó dormir.
Por la mañana salimos decididos a llegar a la cumbre. El día había mejorado, pero las nubes pasaban por encima de nuestras cabezas acariciando la montaña, algo que gustó mucho a Lucía mientras las observaba sorprendida. La subida tenía algunos tramos fuertes, pero con la calma necesaria alcanzamos un parque natural y el mirador da Boa Viagem (un inspirador nombre) donde contemplamos como la playa se perdía a lo lejos acompañado por un sistema dunar de más de 25 km lleno de pinos. Después de la subida llegó la bajada para adentramos en el larguísimo bosque. La carretera era una continua línea recta rodeada de naturaleza. Esa noche dormimos en el camping de playa de Mira por solo 8€. 



Partimos de nuevo en paralelo a la costa con oportunidad de visitarla de vez en cuando para merendar o comprar algo en los pueblos. Lo mejor: la carretera era solo para nosotros.



Después de cruzar este lugar nos dirigimos hacia Aveiro, conocido como la Venecia portuguesa y allí nos hospedamos con un amigo de la página Couchsurfing durante dos días. Andábamos justos de presupuesto y esta ayuda nos vino bien. Partimos por la mañana para descubrir por qué recibía tal nombre la ciudad y lo descubrimos nada más llegar a su ría. Es una ciudad pintoresca, con sus barcazas de turistas estilo góndola veneciana decoradas con diversos motivos.



Salimos de Aveiro y pedaleamos unos 50km hasta Furadouro. El camping estaba genial, así que nos quedamos. De casualidad entré en la pagina de Warmshowers y descubrí a una pareja que vivía a 5 km de allí, así que les envié un mensaje y contestaron. Quedamos con ellos y resultó que los conocía de su web, de casualidad, pues buscando viajeros por el mundo había leído sobre ellos. Nos contaron sus viajes por toda Europa y el más grande desde Portugal a Macao, antigua colonia portuguesa en China. Conocerlos fue toda una experiencia porque pudimos comprobar que viajar nos hace más generosos y eso es lo que fueron ellos con nosotros. Compartieron todo lo que tenían sin pedir nada más y si más pudieran más darían. Ellos se hacen llamar 2nomundo y sus nombres reales son Tania, Rafael y su inseparable perro «Ti». Aprendimos cosas importantes de ellos y completaron aún más esa perspectiva de que el mundo es un lugar maravilloso. Después de pasar varios días con ellos decidimos regresar a casa, la razón: Susana estaba embarazada y se empezaba a notar cansada, así que lo mejor era despedirnos de nuestros amigos y dar por terminada esta aventura. 

Por último, os queremos dejar el vídeo del viaje por la costa de Portugal. Esperamos que lo disfrutéis.



3 comentarios en “ENTRADA Y VÍDEO DEL VIAJE POR LA COSTA DE PORTUGAL”

  1. Pingback: [SOLUCIONADO] ALOJAMIENTO PARA UN AÑO DE VIAJE

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