¿ES PELIGROSO HACER UN VIAJE EN BICICLETA EN FAMILIA?

Familia Supertramp

Han pasado varios meses desde que anunciamos nuestro viaje y desde entonces hemos recibido tanto alabanzas por nuestro arrojo como dudas y miedos transformados en preguntas. En todo este tiempo nos han preguntado si no tenemos miedo a poner en peligro la vida de nuestros hijos, a que nos secuestren, a que nos atropellen o a caer enfermos en otro país. También nos han dicho que no tardaremos en querer volver para casa o que dejemos de lado la idea de irnos por tanto tiempo. Hemos intentando contestar a todos explicando nuestro punto de vista, dándoles a entender que cada cual ve el mundo en función de su propias experiencias y que nosotros no percibimos que el mundo sea un lugar peligroso como para no pedalear por él.

Sin ir más lejos nosotros podemos ver peligros en actividades que otros seguramente no ven de igual manera. Tomamos con cierta precaución las piscinas, montar a caballo o ir en coche y, sin embargo, muchos padres en base a sus experiencias con esas actividades no consideran que entrañen peligro. Y lo podemos entender; s
in duda vivir con una dosis de miedo es beneficioso para que en el momento preciso nos pongamos en alerta y actuemos, pero el problema viene cuando ese miedo te paraliza. No queremos que a nosotros nos pase eso.

Tenemos claro que a todos nos suceden cosas, pero por salir ahí fuera no nos van a ocurrir más. Para ponerlo de manifiesto contaremos algunas experiencias que expliquen lo que queremos decir. 

  • Cuando era niño me atropelló un coche mientras iba en bicicleta. Pasé once días en el hospital. Del accidente solo recuerdo los cristales rotos del parabrisas, mis manos sangrando mientras intentaba levantarme y a mi madre gritando con la voz en off porque no podía escucharla. Fue al lado de casa mientras visitaba a un amigo.
  • Luego también me rompí un brazo jugando el fútbol, yo solo, en casa. 
  • También tuve tres accidentes de coche —¿seré un superviviente?—.
  • Otro ejemplo, este más reciente y que contamos en la entrada sobre nuestro viaje a Madrid, le ocurrió a Susana la semana pasada. Cuando salía de los vestuarios del camping en el que nos hospedábamos le cayó una rama enorme que se desprendió de un árbol a causa del viento y justo cuando acababa de pasar por debajo. Si hubiera tardado cinco segundos más, no hubiera podido contarlo.
  • También tuvo un accidente de moto y otro de coche ambos al lado de casa. 
  • En nuestro viaje de Ámsterdam a París en trike también nos ocurrieron multitud de cosas, pero no pensamos que sean más que las nos hubieran podido ocurrir en casa, solo que allí se daban otras circunstancias. 
  • También nos robaron y atracaron un par de veces en nuestra ciudad. 

Entonces se me ocurre pensar que las cosas no solo suceden cuando viajas.

Lo cierto es que viajar es una metáfora de la vida misma. El mundo está lleno de adversidades y la vida es un viaje con subidas y bajadas donde nunca sabes que habrá hasta llegar a la siguiente colina. Seguramente, cuando emprendamos nuestra nueva aventura nos encontraremos con todo tipo de adversidades, pero también tenemos claro que se aprende más en los caminos difíciles que en los fáciles y que la vida no es un camino de rosas. Queremos mostrar a nuestros hijos que el mundo está lleno de esas adversidades y que nosotros estamos aquí para que aprendan a superarlas. Hay dos caminos, el de dejarse llevar o el de sobreponerse a las dificultades que se presenten. Nosotros vamos a elegir sobreponernos para ayudar a nuestros hijos a que comprendan que con esfuerzo y tesón se pueden pueden alcanzar las metas deseadas, sin miedo y mirando de cara a la realidad.


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