ESCAPADA EN RECUMBENT TRIKE POR LOS MONTES GALLEGOS

Por fin habían llegado las deseadas vacaciones. Después de un largo verano currando de lo lindo, de mañanas y tardes viendo pasar el sol rodeado de edificios llegó el momento de hacer un alto en el camino, o bueno, algo parecido porque nuestro inquieto culo no nos iba a dejar estar parados un instante. Había que aprovecharlo, así que el primer fin de semana nada más acabar el curro emprenderíamos el viaje. Preparamos todo a pesar de las dudas que teníamos para ir con el peque debido a un constipado y tos de última hora, pero la mañana del 6 de Septiembre nos encontrábamos en el portal del edificio con las trikes y el remolque cargado hasta los topes, listos para partir camino al camping donde nos esperaban los amigos del cole de Lucía y sus papás, ahora también amigos nuestros. Ahí estábamos cuando empezó a llover. ¿No podía aguantarse un poco?Llegaba nuestro momento y empezaba a llover. A cubierto, bajo la entrada del garaje vimos como la lluvia iba en aumento. En fin, se estaba cerrando y no parecía que fuese a remitir; así lo atestiguaban las previsiones meteorológicas, así que con mucho dolor y por precaución de que el peque Darío se mojara y agravara su constipado decidimos aparcar las trikes y cargarlo todo en el coche para ir al camping. Vaya fiasco. Aún así salimos decididos a disfrutar del largo fin de semana y retomar nuestra marcha el martes siguiente después de acudir a un cumple que ya se había concertado.

El camping con los amigos fue una fiesta de la que disfrutamos todos, aunque me atrevería a decir que quizás lo disfrutaron más los papás que los niños, o más aún si cabe, algunas mamás que todos los demás. Y lo mejor: salió el sol.

En las siguientes fotos se podrá ver mejor:

Aparcadas las trikes, el fin de semana de camping fue una recompensa. Darío estuvo algo malo de todas las maneras, pero más tarde descubrimos que la razón de su malestar era el incipiente nacimiento de su primer diente que sumado al constipado le hizo pasar una mala noche que nos hizo dudar de su adaptación en la tienda de campaña. Por si acaso habrá que probar en otra ocasión, aunque este hecho sembró nuestras dudas.

Acabó el fin de semana y Darío seguía enfermito y con tos, así que se posponía el viaje en familia, por lo menos hasta nueva orden. Por otro lado aún estaba pendiente lo del cumpleaños. Las posibilidades se reducían pues el cole empezaba tan solo dos días después. Todo había cambiado repentinamente, pero Su apostó porque nos fuéramos Lucía y yo y dejáramos la vuelta al cole para la semana siguiente. Insistí en que viniera con nosotros pero aún estaba convencida de que era mejor para Darío descansar un poco más. Finalmente, después de debatirlo, decidimos hacer una pequeña escapada para cumplir con las expectativas que tenía Lucía de irse de viaje con las trikes. Ella si que no lo perdonaría. Así que preparamos una vez más todo el material y nos plantamos de nuevo en la puerta del garaje. Esta vez pronosticaban lluvia para el fin de semana, aunque al menos esta vez no llovía.

Familia Supertramp en trike
La ELA existe.
Familia Supertramp
¿Hacia dónde Luchi?

Nos costó despedirnos y separar la familia. (Lágrimas)

El camino que tomaríamos era incierto. Tenía en mente poner a prueba la ruta que teníamos planificada para la vuelta a Europa en trike, así que esa fue la dirección que tomamos, como si fuera el principio de nuestro gran viaje.

Partimos hacia Marcón para dirigirnos al polígono de «O Campiño» siguiendo carreteras sin apenas tráfico. El recorrido era todo en subida y el peso de todo incluyendo la trike, el portabebés, las mochilas con ropa y comida y nosotros debía rondar los 120kg. Algunas pendientes eran duras y otras se hacían muy cuesta arriba porque eran interminables. Aún así avanzamos bastante esa mañana.

El truco para ir con niños es parar cuando ellos lo necesiten y avanzar cuando se pueda. Con Lucía paré en todos los parques que encontramos  y se hizo muy llevadero para ella. Muchas veces me pedía que no me parara, otras que avanzara o simplemente que fuera más rápido cuando ibamos a paso de tortuga por algunas cuestas, pero es que no daba para más. Eso si, las pocas bajadas que encontrábamos las celebrábamos a tope.

El camino era un sube y baja continuo y a veces costaba avanzar.

Familia Supertramp en trike
Subiendo y subiendo.

Después de la subida nos detuvimos a comer en un parque, son los mejores sitios para parar, sin duda. Normalmente hay una fuente, aunque este no fue el caso, y siempre hay bancos para preparar la comida, con la ventaja además de que Lucía podía jugar mientras la preparaba.

A la tarde volvimos a avanzar todo en subida hasta llegar a nuestra primera parada para dormir. El lugar se encuentra en el Ayuntamiento de A Lama, al lado del río Verdugo, en un lugar idílico en el que por un simbólico precio puedes acampar con el consentimiento del dueño. Hay que preguntar en el bar justo al lado del puente.

Molino restaurado.

¡Aquí dormiremos esta noche!

Familia Supertramp en trike
Lugar inmejorable para acampar

Lo que hicimos a continuación se puede resumir en dos partes:

Lo que aprendimos a hacer solos.

A bañarnos en el río.

A montar la tienda de campaña.

A vestirnos solos.

A cuidar la naturaleza recogiendo la basura.

A comer dentro de la tienda sin que nada se caiga.

 Y por otro lado las cosas que vimos.

Un muñeco simulando al afilador en una casa abandonada.

Caballos salvajes. Vimos muchos.

Familia Supertramp en trike
Increíbles parques donde jugar y comer.

Y así fue pasando el segundo día de viaje mientras seguíamos subiendo y subiendo. Cruzamos pueblos entre las montañas como O pelete o Cambeses, pueblos que en su época sufrieron mucho la emigración y que en la actualidad, sobre todo en los meses estivales, se llena de gente que regresa a disfrutar de las fiestas. 

Nosotros estábamos a punto de cruzar el último monte para llegar a la provincia de Orense y cumplir nuestro objetivo de subir hasta lo más alto, pero quedaba apenas una hora para buscar donde dormir y detrás de nosotros venía una tormenta que cada vez se acercaba más. Por delante solo había monte y si avanzábamos seguramente nos mojaríamos. Ante la previsión de que no parara de llover y que no pudiéramos montar la tienda decidimos regresar enfrentándonos a la tormenta para buscar un refugio unos kilómetros más abajo. Así fue, nos preparamos y regresamos para ponernos a cubierto mientras la lluvia empezó a caer. No tardamos en llegar a un buen refugio donde esperaríamos a que escampara. No tardó en parar y abrir el día. Habíamos perdido bastante tiempo y teníamos que decidir que hacer pues la lluvia nos había hecho retroceder y ahora estábamos en una encrucijada. Quedaban tres horas de sol y era mucho tiempo perdido así que o montábamos la tienda o avanzábamos otra vez sin saber hasta donde.

Familia Supertramp en recumbent trike
Nos mojamos un poco, pero también fue muy divertido.

Llamó mamá, hablamos un rato y por un momento pensé que igual me daba tiempo a volver y darle una sorpresa. Total el tiempo parecía que no acompañaría y ella nos necesitaba a su lado. Así que, en un arrebato montamos de nuevo las cosas y nos lanzamos carretera abajo a toda velocidad. Tardamos dos horas y media llegar y le dimos la sorpresa. Como familia no podemos estar mucho tiempo separados.

Por el último amanecer.

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