A LAS SALINAS DE VILABOA EN TRIKE

Muchas veces salimos en trike a explorar nuestro entorno. Nos gusta coger nuestros enseres aventureros y preparar la comida al aire libre, en la naturaleza. En una de esas incursiones en trike hacia las afueras de la ciudad, descubrimos un idílico lugar que nos hizo disfrutar de un magnífica jornada en familia. Aquel fue un fin de semana cualquiera en el que un clima no demasiado caluroso nos invitó a pedalear con el afán de disfrutarlo al máximo. 

El recorrido que hicimos nos llevó desde la misma ciudad a la senda que discurre a la par del río Gafos en dirección a Tomeza para luego incorporarnos al camino que discurre paralelo a las vías del tren en dirección a Figueirido. Salvando alguna rampa para cruzar un par de puentes, el camino es bastante llano y apto para todas las edades. Una vez se acaba este camino continuamos por una carretera interior evitando la general salvo los dos últimos kilómetros antes de llegar al cruce del lugar de Paredes en punto kilométrico 131,5 de la N-550 en donde nos dirigimos hacia las salinas de Vilaboa.

Senda en las salinas de Vilaboa

Según la página del ayuntamiento de Vilaboa el lugar de las salinas está enclavado en un bajo valle llamado del Ullóo o Ulló, denominación que actualmente se circunscribe a esta zona de Paredes, pero que desde antes del año 1600 se le daba la denominación de Ullóo a todo el valle próximo y paralelo a la costa del municipio que se extiende desde el extremo de esta, en Paredes, hasta la pequeña playa de Larache en Sta Cristina de Cobres.

Dice además que se compone de partes de huerta, bosques de pinos, robles, prados y pastos de juncos.

Los antecedentes de las Salinas del Ullóo se remontan al reinado de Felipe IV en el siglo XVII y comenzaron a ser explotadas por el Colegio de los Jesuitas de Pontevedra en 1694. A finales del siglo XIX, en este mismo lugar, se construyó uno de los pocos molinos de mareas existentes en Galicia, con un funcionamiento que se basaba en el aprovechamiento del movimiento de las corrientes del fondo de la ría para generar fuerza hidráulica. Hoy solo queda una pequeña muestra que señala su situación y los restos de las antiguas casas que pertenecían a las personas que llevaban a cabo esta labor. Nada tienen que envidiar a otras famosas ruinas, como veréis. 


Y fue en ese idílico lugar, apartados de toda vida humana, donde decidimos asentar el campamento para preparar la comida. Mientras me dedicaba a tal menester, las exploradoras investigaron el lugar que otrora fueran las viviendas de los trabajadores de las salinas.




Y después a comer.

Nos relajamos y a la tarde emprendimos de nuevo nuestra ruta. Salimos del bosque de casas abandonadas y nos dirigimos al paso de piedra en medio del mar. 




El día se presentaba tranquilo y lo estábamos pasando en grande. Lucía también llevó su bicicleta y recorrió un par de kilómetros.


El camino discurría por un camino de tierra unas veces y empedrado en otras en dirección a la carretera N-550 y después al Camino de Santiago a su paso por Arcade, camino que nos llevaría de vuelta a casa.

Disfrutamos de una inmejorable jornada en familia, con variedad de opciones de ocio; un poco de pedaleo, una comida al aire libre, descubriendo la historia de unas ruinas y conociendo un poco más el Camino de Santiago.

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