LA PENÍNSULA DEL MORRAZO EN TRIKE

Familia Supertramp recumbent trike

Hubo dos cosas diferentes en esta nueva aventura emprendida por La Familia Supertramp. La primera era que no estaban los peques de la familia, así que sería la primera vez que íbamos a salir sin niños en las trikes. La segunda era que, confiados, íbamos a pedalear por una carretera con tráfico para poner a prueba nuestros vehículos en presencia de más coches. Ahora os contamos el resultado:

Salimos el Viernes  3 de Octubre por la tarde después de dejar a los niños con la abuela, una separación difícil hemos de reconocer. Eran apenas las seis cuando pudimos salir a toda prisa. En un par de horas deberíamos encontrar un lugar donde dormir. Avanzamos como rayos por la Po-551 disfrutando del paisaje de playa de las Rías Baixas mientras nos acercábamos a la localidad de Bueu, lugar en el que paramos a avituallarnos antes de que cayera la noche, pensando también en la subida a Beluso que discurría por la Po-315.

La noche se acercaba y Susana iba decida a probar la buena voluntad de la gente, pensando que quizá alguien nos dejara acampar en su jardín. Los primeros con los que pudimos hablar respondieron con una negativa a nuestras pretensiones. Seguimos subiendo hacia Beluso y en lo alto, cuando ya empezaba a oscurecer, Susana hizo una segunda tentativa preguntando a una señora que regaba las plantas. La señora, sin dudar, respondió que podíamos colocar allí nuestra tienda. La montamos y cenamos una rica pasta acompañada de unas cervezas. Estábamos agradecidos por encontrar un lugar tranquilo para dormir y se lo debíamos a la amabilidad de aquella señora.


Había que apurar el fin de las vacaciones. A la mañana siguiente desmontamos todo y nos despedimos de la familia que habitaba la casa. Su amabilidad quedó refrendada por el último regalo que nos hicieron antes de marchar: patatas y huevos de codorniz para el camino. Nos despedimos emprendiendo de nuevo la marcha sin rumbo fijo, tan solo una duda: dar vuelta por donde habíamos venido o seguir hacia adelante para dar la vuelta a la península del Morrazo. Disponíamos solo del fin de semana para disfrutar del viaje y aun no estabamos a mitad de camino, pero volver atrás nunca sería una de de nuestras opciones, así que avanzamos pensando que nos quedaba el tiempo justo para completar el recorrido. 

Pedaleábamos a la par del Océano Atlántico, con las islas Cíes de fondo, pero la carretera no dejaba de subir y bajar continuamente esto es Galicia. Pasamos por las poblaciones de Cangas y Moaña, lugares tranquilos y de gran atractivo paisajístico, ideales para pasar la tarde con niños.


Completamos el recorrido por la N-554 en dirección Vilaboa para llegar al camino portugués de vuelta a Pontevedra con lo cual nuestro pequeño viaje había terminado.

Solo nos queda hacer un pequeño balance de la experiencia: ir sin los peques nos dio mas libertad y nos permitió avanzar más rápido, aunque nos resultó extraño estar sin ellos. Nos sirvió para desconectar, si bien no sabemos si lo volveremos a repetir nos resulta difícil estar separados de ellos. En cuanto a la prueba de ir por carreteras con mucho tráfico habría que decir que notamos bastante respeto en muchos conductores, aunque por otro lado aun sigue habiendo mucha incertidumbre debido a que muchos otros no respetaron la distancia mínima de seguridad, así que aun queda mucho que concienciar. Por suerte en trike se avanza rápido e ir los dos siempre es mejor para anticiparse a los coches. En definitiva fue un fin de semana que disfrutamos a tope y ya estamos esperando a que llegue el próximo, este si, ya con los peques.

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